Evolución de los museos

Mujer en el baño de Roy Lichtenstein en la cubierta de la guía del Museo ThyssenEl pasado domingo visitamos la exposición de Matisse en el Museo Thyssen. Hacía algunos meses que no nos acercábamos al Palacio de Villahermosa y nos sorprendió ver que había muchas novedades, como la nueva guía de bolsillo de la colección Thyssen-Bornemisza (76 páginas, 6 €). Esto me hizo recordar cómo han evolucionado los museos a lo largo de los siglos a medida que su público también ha ido cambiando.

El Museo del Prado, en sus inicios, sólo se abría al público durante unas horas los miércoles. Recientemente, han anunciado que en los meses de julio y agosto la exposición de Sorolla admitirá visitas hasta las 22 horas. Muchos museos amplían sus horarios, especialmente los orientados a un público joven, como el Centro Pompidour de París o el propio Reina Sofía. El turismo cultural trajo 5 millones de visitantes a la milla de oro madrileña en 2008.

Las guías son otro de los aspectos que ha evolucionado. De los antiguos catálogos académicos a guías de mano y, finalmente, mini-guías para aquellos visitantes con menos tiempo o con conocimientos no especializados. El precio, muy asequible, también es apto para estudiantes. Existen incluso dispositivos para facilitar el acceso a la cultura a personas sordas, como las signoguías del Museo de Altamira que se acaban de presentar.

Las tiendas, online y offline, cada vez cobran más importancia dentro de los museos, no sólo en tamaño, sino en variedad de artículos para todo tipo de públicos, desde estudiosos a padres interesados en educar a sus hijos en el conocimiento de la historia del arte, pasando por cocinillas que buscan delantales o posavasos inspirados en sus cuadros favoritos.

Restaurantes, actividades didácticas y lúdicas, venta online de entradas, edificios proyectados por los más prestigiosos arquitectos, salas de restauración... Estudiar el ecosistema de un museo es como reproducir a pequeña escala los grandes cambios que ha vivido la sociedad desde la Ilustración hasta nuestros días.

La duda que me queda es ¿por qué permiten a decenas de fotógrafos bombardear con sus flashes Las Meninas durante una rueda de prensa y los visitantes no pueden fotografíar una escultura en el Prado y sí en el Louvre?

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